lunes, 8 de septiembre de 2008

El día que comíamos almejas a la parmesana en la casa de una amiga.

Muchos años después...la idea fue realizar un encuentro de cuatro personas amigas, dos parejas.
Me sentía muy entusiasmada porque en esos días muchísmos problemas atormentaban mi espíritu. El país vivía una época convulsionada. Había renunciado a mi trabajo.
Llegamos temprano para preparar nuestro almuerzo.
Una mesa en el patio en medio del césped...y el día estaba esplendoroso. Hacía bastante calor. Nuestro ánimo era muy alegre. Colocamos un mantel de color sobre la mesa, y platos, servicios y fuentes con ensaladas. Mi amiga preparó un rico ponche de frutas, con vino blanco. Y el plato fuerte eran unas almejas a la parmesana, al horno.
Empezamos a probar el ponche... un vaso tras otro y seguí bebiendo y bebiendo... riendo y riendo y de pronto el mundo pareció cambiar, los colores me parecían más brillantes. El cielo más azul y mi espíritu parecía flotar en un mundo feliz.
Las ideas más increíbles aparecían en mi mente como brillantes e ingeniosas. Se me ocurrió de pronto que regar el jardín era una idea maravillosa y mientras mi amiga y mis dos amigos estaban sentados en la mesa empezando a probar las almejas...yo empecé a lanzar el agua hacia el cielo y me parecía que era fantástico contemplar la lluvia de agua como si fuera un arco iris. Después encontré divertido tirarles agua encima de la mesa. En ese punto me quitaron la manguera de mis manos y me dijeron que me sentara a comer las almejas. Allí encontré maravilloso tomar las almejas y lanzarlas hacia arriba... y allí se pierde mi conciencia y despierto más tarde acostada en una cama con una senación horrible de mareo, el mundo giraba y daba vueltas. Todo se borró de mi mente. Jamás querría volver a repetir esa experiencia.

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