lunes, 14 de julio de 2008

LA SESION DE ESPIRITISMO.

Estaba recién casada y esperando mi primer hijo. Una muchacha que era estudiante de Medicina nos invitó a mÍ y a mi esposo a una sesión de espiritismo e invitó también a otro joven estudiante de Medicina y a una amiga de ella que dijo era una médium. Nos invitó también a cenar en su casa porque prepararía una exquisita pasta acompañada de una salsa de erizos y choritos. Ella vivía con su amiga en un departamento en el barrio alto de Santiago, exactamente en la Avenida Providencia. Nos acomodamos en el living y decidimos iniciar la sesión antes de cenar.

Yo no quise participar y dije que sería una observadora y me senté en un sillón cama que ellas tenían en el living y sobre el cual había una serie de objetos de adorno y entre ellos una radio a pilas.

Mi esposo, el estudiante de Medicina y las dos muchachas se sentaron en el suelo alrededor de una mesa vacía y se cogieron de las manos, concentrándose mientras la médium invocaba a los espíritus, ella quería que se manifestaran de alguna manera, pero no pasaba absolutamente nada. Ella pensaba que entre los presentes había una persona que rechazaba la invocación o no creía en ella. Así estuvimos bastante rato con las luces bajas de la habitación, cuando de pronto se encendió violentamente la radio que estaba a mis espaldas sobre el sillón cama. Todos nos sobresaltamos. Y decidimos no seguir invocando a nadie. Yo quedé bastante inquieta, pero cuando empezamos a comer una exquisita cena me sentí mucho más tranquila, aunque no parecía de broma la experiencia.

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