jueves, 28 de julio de 2011

El alma de la Montaña.

Por Maika Etxarri Yábar










Sueño cada noche en poder contemplar ese cielo límpido celeste y admirar como lucen las estrellas con sus brillos plateados. Sueño cada instante con abrazar los frondosos árboles, cuyas ramas se mecen al compás del viento. Árboles, reyes del bosque (y de las montañas) que guardan la memoria histórica en el interior de su savia.



Anhelo poder volar libre, como esa águila roja que surca el cielo o ese cometa que se pierde en el espacio infinito. Cada amanecer, con el rocío atisbo un halo de esperanza al escuchar los sonidos de nuestra Madre Naturaleza. Los cantos de los pájaros, el murmullo de los grillos y el ruido de tus cascadas hechizan mis sentidos. Imagino esos seres mitológicos que habitan los mundos oníricos (elfos y hadas nadando juntos en ese remanso tranquilo). Sueño con ese océano profundo, azulado y sus olas rompiendo ferozmente contra los acantilados. Admiro el hermoso Arco Iris que refleja tu luz interior.


Eres el alma de Gaia y de mi universo imaginario. Cuando te observo la luna baila al son del pálpito de mi corazón. Sueño con tus bosques que dan calidez a la existencia humana y con las raíces de los robles que la engarzan. Laurel y vida se juntan en el alba de tu sonrisa.


Anhelo tu esencia de libertad y magnificencia contemplando tus cumbres inmensas. En tus manantiales y ríos oigo esa música relajante que transmite serenidad.


Quiero poder vivir siempre en esa montaña mágica, donde todo ser es libre. Vitalidad y alegría juntas son el laurel de nuestra existencia.


En la cima de mi montaña sueño con un mundo mejor, donde reine la paz. Un mundo sin miedos, ni guerras, sin odios ni falsedades donde los niños inocentes no lloren, donde todos los niños canten y jueguen.


Así es el alma de mi montaña anhelada. Sueño con ver una lluvia de estrellas en la cima del Himalaya.


Y mi corazón en ese anhelo se une a la luna en la inmensidad del universo etéreo.










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